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Antonio Boyano, novillero de Villalpando

 
Titulares Prensa
20-5-2006
 
  ENTREVISTAS
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Antonio Boyano, novillero de Villalpando que torea en el festejo de ARZA: «Me gusta la lidia clásica; quedarme quieto, aguantar y llamar al arte»
«Tengo buenas vibraciones, Zamora va a ver a un torero entregado, voy a demostrar mi afición, es mi primera gran prueba»
Tiene pinta y planta de torero. Sonrisa piramidal. Mente ágil, más rápida de lo que se supone en un joven universitario de 19 años. Antonio Boyano puede ser el pago perfecto de la deuda que tiene Zamora con la tauromaquia. Yo también creo que ahora sí, que Andrés Vázquez puede alcanforar la franela. Sabe lo que le espera. Mejor. ¿Pagar por torear? De entrada, no, pero... Su primer objetivo: triunfar el domingo en la plaza de toros de Zamora; el segundo: debutar con caballos; el tercero: tomar la alternativa; el cuarto:... Ya veremos.
CELEDONIO PEREZ


- Diecinueve años y todavía becerrista. Hoy, cuando los toreros triunfan con dientes de leche, parece que es ir contra corriente.
- Creo que es el momento de dar el paso. Llevó dos años en la Escuela Taurina de Salamanca y debuté el año pasado como becerrista. Ahora sé lo que quiero.
- ¿Y qué quiere?
- Torear. Disfrutar haciendo lo que me gusta. Ser matador de toros. Llegar a ser figura del toreo...
- Eso es muy difícil. Cuesta dinero.
- Sé que es complicado, pero lo voy a intentar con todas mis fuerzas. Estoy preparándome para ello en la Escuela Taurina de Salamanca. Allí sientan cátedra dos grandes maestros: José Ignacio Sánchez y Juan José. Todo lo que sé se lo debo a ellos. Estoy muy agradecido...
- A lo segundo no me ha contestado.
- Ah... (Sonrisas). Lo de pagar. De entrada, no. Me parece indigno que te estés jugando la vida y que encima tengas que poner. No es justo, es inmoral. Pero sé que el sistema está así.
- Ahora está en los momentos dulces. Este verano se va a cansar a torear en los pueblos. Peor será después, cuando debute con caballos, entonces llegarán las dificultades. No se programan novilladas en las ferias. Brincar al escalafón más alto es una lotería. Todavía está a tiempo de reflexionar, de hacerle caso a su madre.
- (Risas). No, no. Ya está decidido, quiero ser torero a pesar de todas las dificultades. Soy consciente de la dureza de esta profesión, pero aún así quiero probar. Este verano voy a torear más de 20 novilladas sin picadores, quiero fajarme.
- Desde luego, ya son ganas. ¿De dónde le viene ese impulso irrefrenable, ¿quien le ha inyectado el virus de la afición?
- Mi afición taurina nació en la infancia. Pero mi familia no me ha dejado entrar en la Escuela hasta que no acabé el Bachillerato. Ahora me han puesto como condición que si sigo en el mundillo taurino tengo que continuar con los estudios, lo haré.
- ¿Qué pasa en Villalpando, acaso los niños en vez de ver dibujos animados ven la feria de San Isidro?
- Es tierra de taurinos. Ahí está el gran Andrés Vázquez, un torerazo como Luis Miguel Villalpando... Y está la herencia genética: "El Velas" y grandes aficionados como mi tío "Satur".
- En Villalpando la afición sigue viva, pero en Zamora a los taurinos hay que buscarlos con candil, como Diógenes a los hombres justos.
- Sí que hay aficionados en Zamora, pero están un poco a la expectativa. Esta provincia necesita un torero...
- ¿Usted?
- (Levanta ligeramente las dos manos) No, no quiero decir eso. Pero es verdad que cuando en una provincia hay un torero con tirón la afición crece. A ver si aquí, dentro de nada, hay no uno sino tres matadores.
- ¿Usted y quién más?
- Pues otros dos chavales que hay en la Escuela Taurina de Salamanca. Alberto Durán, de Villamor y Leandro Pérez, de El Pego.
- ¿ Hay rivalidad entre ustedes?
- Nos llevamos muy bien. Somos zamoranos, pero, claro, los tres queremos triunfar. La rivalidad siempre ha sido un aliciente más dentro de la Fiesta Nacional. A ver si somos capaces de crear ese ambiente necesario de superación.
- ¿Cual es su concepción del toreo?
- Me gusta la pureza, el arte, hacer las cosas bien. Soy partidario de la lidia clásica, quedarme quieto en la cara del animal, aguantar y llamar al arte.
- Aguantar en la cara del toro, si se puede...
- Claro. Esa es la clave. Lo que define si alguien quiere y puede ser torero.

Un hombre innombrable
Se ríe de los líos que se hace el personal con su apellido. Que si Moyano, que si Mollano, que si Mayado. En el cartel del festival del domingo, como no, también aparece mal. «Ya estoy acostumbrado, creo que, hasta ahora, sólo me han anunciado bien en Villalazán». 19 años, villalpandino de casta torera: su padre y su tío Satur son grandes aficionados. Su madre no, no quiere ni oír hablar de los toros. Aprende lo básico del arte de Cúchares desde hace dos años en la Escuela Taurina de Salamanca. Está matriculado en la Facultad de Ingenieros Agrónomos, lo de estudiar está in mente. Sus espejos: Enrique Ponce («todo lo hace perfecto, de un manso puede hacer maravillas» y Morante de la Puebla («el pellizco, el genio, la magia»). Sus maestros: José Ignacio Sánchez y Juan José, profesores de la Escuela de Salamanca. ¿Un recuerdo? «Para Andrés Vázquez, un torerazo».

 

 

 

 


 
 
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