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Antonio
Boyano, novillero de Villalpando que torea en el festejo de ARZA:
«Me gusta
la lidia clásica; quedarme quieto, aguantar y llamar al arte»
«Tengo buenas vibraciones, Zamora va a ver a un torero entregado,
voy a demostrar mi afición, es mi primera gran prueba»
Tiene pinta y planta de torero. Sonrisa piramidal. Mente ágil,
más rápida de lo que se supone en un joven universitario
de 19 años. Antonio Boyano puede ser el pago perfecto de la deuda
que tiene Zamora con la tauromaquia. Yo también creo que ahora
sí, que Andrés Vázquez puede alcanforar la franela.
Sabe lo que le espera. Mejor. ¿Pagar por torear? De entrada, no,
pero... Su primer objetivo: triunfar el domingo en la plaza de toros de
Zamora; el segundo: debutar con caballos; el tercero: tomar la alternativa;
el cuarto:... Ya veremos.
CELEDONIO PEREZ
- Diecinueve años y todavía becerrista. Hoy, cuando los
toreros triunfan con dientes de leche, parece que es ir contra corriente.
- Creo que es el momento de dar el paso. Llevó dos años
en la Escuela Taurina de Salamanca y debuté el año pasado
como becerrista. Ahora sé lo que quiero.
- ¿Y qué quiere?
- Torear. Disfrutar haciendo lo que me gusta. Ser matador de toros. Llegar
a ser figura del toreo...
- Eso es muy difícil. Cuesta dinero.
- Sé que es complicado, pero lo voy a intentar con todas mis fuerzas.
Estoy preparándome para ello en la Escuela Taurina de Salamanca.
Allí sientan cátedra dos grandes maestros: José Ignacio
Sánchez y Juan José. Todo lo que sé se lo debo a
ellos. Estoy muy agradecido...
- A lo segundo no me ha contestado.
- Ah... (Sonrisas). Lo de pagar. De entrada, no. Me parece indigno que
te estés jugando la vida y que encima tengas que poner. No es justo,
es inmoral. Pero sé que el sistema está así.
- Ahora está en los momentos dulces. Este verano se va a cansar
a torear en los pueblos. Peor será después, cuando debute
con caballos, entonces llegarán las dificultades. No se programan
novilladas en las ferias. Brincar al escalafón más alto
es una lotería. Todavía está a tiempo de reflexionar,
de hacerle caso a su madre.
- (Risas). No, no. Ya está decidido, quiero ser torero a pesar
de todas las dificultades. Soy consciente de la dureza de esta profesión,
pero aún así quiero probar. Este verano voy a torear más
de 20 novilladas sin picadores, quiero fajarme.
- Desde luego, ya son ganas. ¿De dónde le viene ese impulso
irrefrenable, ¿quien le ha inyectado el virus de la afición?
- Mi afición taurina nació en la infancia. Pero mi familia
no me ha dejado entrar en la Escuela hasta que no acabé el Bachillerato.
Ahora me han puesto como condición que si sigo en el mundillo taurino
tengo que continuar con los estudios, lo haré.
- ¿Qué pasa en Villalpando, acaso los niños en vez
de ver dibujos animados ven la feria de San Isidro?
- Es tierra de taurinos. Ahí está el gran Andrés
Vázquez, un torerazo como Luis Miguel Villalpando... Y está
la herencia genética: "El Velas" y grandes aficionados
como mi tío "Satur".
- En Villalpando la afición sigue viva, pero en Zamora a los taurinos
hay que buscarlos con candil, como Diógenes a los hombres justos.
- Sí que hay aficionados en Zamora, pero están un poco a
la expectativa. Esta provincia necesita un torero...
- ¿Usted?
- (Levanta ligeramente las dos manos) No, no quiero decir eso. Pero es
verdad que cuando en una provincia hay un torero con tirón la afición
crece. A ver si aquí, dentro de nada, hay no uno sino tres matadores.
- ¿Usted y quién más?
- Pues otros dos chavales que hay en la Escuela Taurina de Salamanca.
Alberto Durán, de Villamor y Leandro Pérez, de El Pego.
- ¿ Hay rivalidad entre ustedes?
- Nos llevamos muy bien. Somos zamoranos, pero, claro, los tres queremos
triunfar. La rivalidad siempre ha sido un aliciente más dentro
de la Fiesta Nacional. A ver si somos capaces de crear ese ambiente necesario
de superación.
- ¿Cual es su concepción del toreo?
- Me gusta la pureza, el arte, hacer las cosas bien. Soy partidario de
la lidia clásica, quedarme quieto en la cara del animal, aguantar
y llamar al arte.
- Aguantar en la cara del toro, si se puede...
- Claro. Esa es la clave. Lo que define si alguien quiere y puede ser
torero.
Un hombre
innombrable
Se ríe de los líos que se hace el personal con su apellido.
Que si Moyano, que si Mollano, que si Mayado. En el cartel del festival
del domingo, como no, también aparece mal. «Ya estoy acostumbrado,
creo que, hasta ahora, sólo me han anunciado bien en Villalazán».
19 años, villalpandino de casta torera: su padre y su tío
Satur son grandes aficionados. Su madre no, no quiere ni oír hablar
de los toros. Aprende lo básico del arte de Cúchares desde
hace dos años en la Escuela Taurina de Salamanca. Está matriculado
en la Facultad de Ingenieros Agrónomos, lo de estudiar está
in mente. Sus espejos: Enrique Ponce («todo lo hace perfecto, de
un manso puede hacer maravillas» y Morante de la Puebla («el
pellizco, el genio, la magia»). Sus maestros: José Ignacio
Sánchez y Juan José, profesores de la Escuela de Salamanca.
¿Un recuerdo? «Para Andrés Vázquez, un torerazo». |